Imaginario entorno al racismo de niñas y niños en República Dominicana, en los últimos 20 años
- raicesbyclaudina

- 26 sept 2023
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En el marco de la maestría Género y Desarrollo, en el año 2002 realicé una investigación sobre el “Racismo y Discriminación Racial en la República Dominicana: Un caso en la Escuela dominicana”, se desarrolló en recintos educativos privados de diferentes estratos sociales con niñas y niños de 9 a 13 años.

El estudio fue de carácter exploratorio y con un diseño cuasi experimental. Consistió en aplicar un conjunto de instrumentos que permitieron captar la presencia del racismo en los grupos de población estudiados. Procurando no contaminar dichos grupos, se levantó la información sin intervenir en las características de su entorno natural.
Se escogieron dos grupos de comparación por medio de una muestra no probabilística. De acuerdo con la clasificación de la Secretaría de Estado de Educación (SEE), el primer grupo pertenece a un colegio de clase A, ubicado en un barrio residencial, y el segundo grupo a un colegio de clase C, localizado en un barrio marginado.
Para la aplicación de los instrumentos se procedió a revisar los listados de colegios que existen en la ciudad de Santo Domingo, consultamos a maestras y personas con conocimiento de la composición racial y social de la población matriculada en cada recinto. Finalmente, se seleccionaron dos colegios ubicados en el barrio La Altagracia en Herrera, y en Arroyo Hondo, de la ciudad de Santo Domingo. Los niños y niñas participantes fueron de quinto grado, cuyas edades oscilaban entre 9 y 13 años.
La población total considerada para el estudio fueron 36 niños/as, distribuidos de la manera siguiente: 18 en el colegio A y 18 en el colegio C. La mitad de la población en ambos casos fueron niñas. Los instrumentos se aplicaron a toda la población que asistió al curso el día del estudio. La muestra se tomó en el lugar natural de los niños/as, en horario escolar, con un promedio de 2 horas de duración.
Se diseñaron dos instrumentos que contenían cuadros con oficios y profesiones, y fotos de hombres y mujeres. Los criterios fundamentales para seleccionar las personas a fotografiar fueron: Edad entre 25 y 40 años con gradación de la piel desde blanca caucásica hasta negra, pasando por mulato. Con el objetivo de que sólo el sexo y la raza fuesen las variables que captaran la atención de los niños y niñas a quienes se les aplicaron los instrumentos, se utilizó un mismo fondo al tomar las fotos y se les pidió a las personas que no utilizaran accesorios y que su vestimenta fuese sencilla.
El instrumento # 1 contenía un listado de nueve oficios y profesiones acompañado de un conjunto de seis fotos con imágenes representativas de diferentes rasgos fenotípicos. Y el instrumento # 2 buscó captar dimensiones de género y de raza, por lo que se presentó un listado de profesiones y ocupaciones referidas a la jerarquía natural de cualquier empresa convencional, en un cuadro que contenía seis fotos, tres de hombres y tres de mujeres.
La respuesta de niños y niñas evidencia efectivamente que han sido objeto de un proceso de socialización que le ha permitido adquirir valores diferenciados de las personas según cierta tipificación. Esta situación se verifica más en el caso de las niñas; éstas colocaron más mujeres negras que blancas, en oficios de poca monta con mayor frecuencia que los niños. El estudio arroja como resultado que, sin importar la clase social, los niños y las niñas tienen interiorizados códigos de valorización y clasificación de las personas según rasgos fenotípicos: el 64% de los niños / as les asignaron el oficio de barrendera a mujeres negras, de éstos el 41.7% les corresponde a mujeres negras de pelo crespo, es decir, que mientras más rasgos naturales de negra tiene más cerca está el estereotipo asignado a la mujer negra.
Sólo un 2.8% de los niños se le ocurrió escoger a una mujer blanca para este oficio de barrendera. Ningún niño escogió a una mujer trigueña para este oficio que, para los fines del estudio, es una mujer blanca de pelo negro.
El estudio comprueba la hipótesis que en el imaginario de niñas y niños de la República Dominicana la pigmentación de la piel determina niveles de valorización de las personas, en consecuencia., limita las oportunidades de empleos. Sólo un 2.8% de los niños / as entrevistados consideraron que una mujer negra de pelo crespo tiene posibilidades de desempeñar puestos ejecutivos. Sin embargo, el 38% consideró que una mujer blanca puede desempeñar un puesto ejecutivo y un 36% considera que las mujeres mulatas de pelo alisado también pueden ocupar puestos ejecutivos, casi dos puntos y medio porcentuales por encima de las negras de pelo crespo.
Ellos escogieron al 4.8% de las mujeres negras alisadas para ocupar puestos ejecutivos. Aún más, puede una mujer negra de pelo alisado tener más condiciones para ser ejecutiva que una negra de pelo crespo, es decir, la ecuación da cuenta de que, en la medida que más se acerca una persona al modelo blanco, occidental, de pelo lacio, tiene mayor posibilidad de desempeñar oficios o profesiones que requieran ciertas destrezas intelectuales y cierta apariencia física asociada al modelo occidental (blanca y de pelo lacio), según el imaginario de la niñez participante.

El análisis de las evidencias empíricas obtenidas da cuenta de que el racismo contemporáneo no es una especie de reminiscencia del pasado, sino que ha logrado sobrevivir después de la abolición de la esclavitud y el colapso de los imperios coloniales en América Latina y, de manera muy particular, en la República Dominicana.
Urge preguntarse de dónde se nutren los niños y niñas de estos sistemas de valores; qué factores intervienen en su proceso de socialización; qué tipo de educación están recibiendo; y qué mensajes y meta-mensajes se les está transmitiendo.
Aquí se evidencia que los procesos de socialización son determinantes para la promoción de valores, símbolos y prácticas discursivas desde la normativa oficial y desde la perspectiva de los sectores populares; en especial, se vislumbra cómo estos procesos conforman la autoimagen y las identidades colectivas e individuales que van a repercutir en los procesos colectivos a nivel macro y micro de cada ser humano, especialmente, de la mujer negra.
Sigue el modelo repitiéndose cuando el 66.7% de los participantes escogió mujeres negras para asignarles el oficio de friturera, el 41.7 % consideró a las mujeres con rasgos fenotípicos más eminentemente negros como más aptas para ejercer esta profesión u oficio. Ningún niño consideró una mujer trigueña y sólo un 5.6% consideraron a mujeres blancas para este oficio. Ningún niño consideró una mujer negra alisada como gerente de banco, sólo uno consideró a una mujer negra de pelo crespo para esta posición.
Estas cifras reflejan que desde el Estado se ha generado un endorracismo, una práctica discursiva, una situación de exclusión de una proporción mayoritaria de la población, produciendo comportamientos bipolarizados y alienados. Se comprueba que siguen vigentes y dominantes los estereotipos que asignan a las personas negras trabajos duros y de poca valoración o reconocimiento social.
El prejuicio y la discriminación racial son dos elementos nocivos que erosionan la autoestima y que limitan un real estado de derecho y, en consecuencia, se convierten en un verdadero obstáculo para la consolidación de la democracia y la conformación de un Estado moderno, donde todos/as los seres humanos puedan tener igual posibilidad de competir, participar y demandar. En los lugares públicos es usual encontrar letreros que rezan: “se reserva el derecho de admisión”, estimulando así, una especie de fobia o rechazo a todo lo que se perfile como diferente al patrón o esquema socialmente aceptado.
En este contexto a una mujer negra le corresponde demostrar doblemente su capacidad para realizar trabajos de mayor exigencia intelectual y de mayor rango, ya que, de entrada, gracias al racismo y los estereotipos dominantes se supone que no está apta para desarrollar labores de alta responsabilidad y de destrezas intelectuales. Se le suele asociar a lo bruto, sucio, feo, castigo de Dios, cte., es decir, ser mujer y en adición ser negra orienta hacia una percepción o interpretación estereotipadas de sus capacidades y potencialidades.
Las personas negras en República Dominicana nacen, crecen se multiplican y mueren en espacios de no-aceptación de la afro descendencia, donde todo lo asociado a lo negro tiene una carga de valor negativo, y donde el modelo es opuesto a sus características fenotípicas, sociales y culturales.
“Esta no-aceptación de la ascendencia negra condiciona la actitud en no pensar siquiera en las consecuencias de este prejuicio y se ha hecho más fácil invisibilizarlo” (Mateo D., 1998)
El mismo estudio revela que la elección de mujeres negras para ocupar cualquier cargo, incluyendo los de menor rango es casi nula. Se infiere que, según la investigación, las mujeres negras están en desventaja en referencia a sus aspiraciones laborales, sin importar el tipo de empleo. Todavía persiste la idea absurda de que la humanidad se encuentra dividida entre razas con diferentes constituciones biológicas, pero también sabemos que no es científicamente aceptable esa idea. El racismo ha sido el sostén del nacionalismo en el mundo y en la República Dominicana.
La respuesta de los niños y niñas de las escuelas participantes, evidencian efectivamente que han sido objeto de un proceso de socialización que le ha permitido adquirir valores diferenciados de las personas según cierta tipificación. Esta situación se verifica más en el caso de las niñas; éstas colocaron más mujeres negras que blancas, en oficios de poca monta con mayor frecuencia que los niños. A los niños/as dominicanos le han incorporado en el subconsciente el discurso dominante, induciéndolos a reproducir el prejuicio racial en su cotidianidad. La percepción y valorización que tienen estos niños y niñas sobre las personas según pigmentación de piel es estereotipada y de contenido racista.
El estudio arroja como resultado que, sin importar la clase social, los niños y las niñas tienen interiorizados códigos de valorización y clasificación de las personas según rasgos fenotípicos.
Es constata que el sistema educativo dominicano, así como instituciones formales e informales (familia, iglesias, medios de comunicación, entre otros), quedan cuestionados en los resultados referidos a los procesos de socialización, que genera que los niños y niñas estructuren estos sistemas de valores altamente racistas y discriminatorios.
Las cifras ofrecidas por el estudio dejan certifican que desde el Estado Dominicano se ha generado un endorracismo, una práctica discursiva, una situación de exclusión de una proporción mayoritaria de la población, produciendo comportamientos bipolarizados y alienados. Se comprueba que siguen vigentes y dominantes los estereotipos que asignan a las gentes negras trabajos duros y de poca valoración o reconocimiento social.
Los niños y niñas de los Centros estudiados discriminan a las personas según pigmentación de piel y textura del pelo, asignando oficio y profesiones de mayor valoración a personas blancas y de pelo lacio, frente a personas negras y de pelo crespo.
A más pigmentación de piel mayor grado de discriminación, pues los niños y niñas asignaron las profesiones y oficios de menor valorización a las mujeres negras de pelo crespo, frente las mulatas y negras de pelo alisado. Se puede inferir que los niños y las niñas en la República Dominicana reproducen estereotipos racistas y sexistas, que condicionan su percepción y valoración sobre la gente negra, muy en particular, sobre la mujer negra.
El estudio confirma que la imagen construida socialmente de la mujer negra siguiendo estereotipos racistas y discriminatorios la vinculan al trabajo duro, poco calificado y devaluado (empleada doméstica, vendedora ambulante, limpieza de oficinas, etc.), limitando esto su participación en condiciones de igualdad, frente a otros miembros de la sociedad dominicana.
Los niños confirmaron que la gradación de la pigmentación de piel va determinando cierto rango discriminatorio en la sociedad dominicana: mientras más se oscurece, más se acerca a los niveles más bajos de la pirámide ocupacional y mientras más blanca y de pelo más liso asciende a los niveles más altos y de rango mayor.
Las mujeres negras están en desventajas, inclusive frente al hombre negro, ya que los niños y niñas, prefirieron hombres negros por encima de mujeres negras, para puestos ejecutivos y mandos medios. Dejando claro la valoración negativa que tienen de la mujer negra, esto repercute negativamente en la autoestima, participación ciudadana de este segmento poblacional.
Esta ideología nacionalista crea y recrea las bases de lo que se denomina cultura nacional, valorizando el idioma español, la religión católica y la ascendencia hispana. Estas normativas oficiales encierran valores, símbolos, sentimientos y patrones de comportamiento que legitiman la discriminación a partir de la tonalidad de la piel y la textura del pelo, limitando las posibilidades de participación e inclusión.
La diversidad en el contexto dominicano no se considera como un elemento enriquecedor, sino, como una manera de promover la división entre miembros iguales de la misma, violando el principio enunciado en la Declaración y Programa de Acción de Viena, de que todos los derechos humanos y libertades fundamentales son indivisibles, interdependientes y están relacionados entre sí, y de que el derecho al desarrollo es un derecho inalienable y que forma parte integrante de todos los derechos humanos.
Sin embargo, el Estado Dominicano es signatario de la Convención Internacional contra Todas las Formas de Discriminación Racial, así como todos los tratados internacionales importantes de derechos humanos, como los dos pactos internacionales de derechos humanos, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes y la Constitución Dominicana.
Pero el racismo en la República ha funcionado y ha sido creado como una ideología de Estado, que ha encerrado acciones, normas, discursos, prácticas discursivas, símbolos, pensamientos, costumbres, hábitos, prejuicios, estereotipos que han afectado significativamente la imagen y valoración de las personas y, muy en particular, de la mujer. Por ejemplo: la valorización que tienen los niños entrevistados sobre las personas negras.
Cualquier estrategia para eliminar el racismo y la discriminación pasa por eliminar las barreras ideológicas y culturales que han sido edificadas desde la esfera estatal. En consecuencia, un Estado moderno debe establecerse un real sistema democrático real de gobierno que garantice la plena participación y la representación de todos los sectores de las sociedades, eliminando todas las trabas ideológicas e institucionales que desconocen nuestra realidad cultural.
Para alcanzar ese objetivo se deben establecer nuevas estructuras o revisar los sistemas tradicionales de representatividad laboral, política, económica, así como cualquier mecanismo de solución de conflictos y mediación reconociendo la diversidad cultural y racial y garantizando un verdadero ejercicio democrático.




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