Las Cicatrices Ocultas del Colonialismo
- raicesbyclaudina

- 3 abr 2023
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Actualizado: 28 abr 2023

Desde el Estado colonial y moderno en la República Dominicana se han dirigido acciones de blanqueamiento y des africanización. Una de las más recientes fue el asentamiento de la zona fronteriza del país realizado por el entonces Presidente Rafael Leónidas Trujillo, quien pobló la zona de japoneses, españoles, árabes entre otros, para impedir el paso de la población haitiana, que para cualquier dominicano es sinónimo de negro. La matanza de esa población haitianos/as del año 1937 es otra triste evidencia de las acciones racistas del Estado Dominicano representado en ese momento por el dictador.
Esta misma maquinaria racista de Trujillo asume en su proyecto de nación a intelectuales de la talla de doña Flérida de Nolasco, quien deja clara su ideología cuando afirma que el merengue es una danza vulgar, modalidad que no es estrictamente autóctona, pues existe con pocas variantes en otros países y aparece en España, en época antigua, aunque indeterminada (como señala Franco, 1992.
Todavía en el año 1943 se siguen emitiendo disposiciones oficiales coercitivas, con categoría de ley, para las personas que participarán en ceremonias vudú y aquellas que prestaran sus casas para tales celebraciones (Ley 391, del 20 de septiembre 1943, gaceta oficial No. 5676) ( Tejeda, 1998; citado por Franco 1992).
Otras evidencias las arrojan los códigos legislativos nacionales durante la tiranía. En estos códigos hay más de veinte disposiciones promulgadas para premiar y estimular la inmigración de personas de la denominada raza blanca y para impedir la entrada al país de inmigrantes negros (Franco, 1992).
Este racismo está tan arraigado y tan bien trabajado desde el poder y se ha impregnado en la población de tal manera, que trasciende los límites de los llamados intelectuales de avanzada o personas progresistas. La evidencia más reciente la verificamos en el hecho de que un candidato a Presidente de la República en las elecciones del 1994, el Dr. José Francisco Peña Gómez, fue objetado por la oligarquía hispanófila debido a su condición de negro y su ascendencia haitiana. La campaña en su contra enarboló el racismo como argumento fundamental, asociando la raza negra a lo feo, lo diabólico y lo perverso.
Las nociones de igualdad y derecho en el modelo de Estado actual en la República Dominicana funcionan como mecanismos que persiguen homogeneizarnos con el objetivo de ocultar las diferencias de clase, género y de etnia. De ahí que, como señala Oviedo (1994), la democracia construye un estándar de ciudadano universal, desde el espacio definido como identidad nacional, cuyo referente desde la revolución francesa sigue siendo el hombre blanco occidental. Los componentes de este paradigma son la institucionalidad basada en la separación de lo público y lo privado, la representación formal, la centralidad de los partidos elaborando agendas universales basadas en el crecimiento económico, los conflictos de distribución y el consumo.
Este proyecto de democracia liberal ¨respeta la heterogeneidad¨, sin embargo, mediante conceptos institucionales universalistas pretende transformar las diferencias en diversidad de intereses y pluralismo de opiniones. Los límites vienen dados en el mundo privado por los valores convencionales de la familia y la moral, mientras el ámbito público debe regirse por las normas de buen ciudadano y los mitos del Estado-nación, fundamentados en la legitimidad de las instituciones representativas.

Esta manera dicotómica de ver el mundo es lo que genera una gran proporción de personas excluidas, mujeres, lesbianas, gay, negras, etc., erosionando en estas dimensiones y segmentando los mundos, intentando diversificar los espacios. Como señala Agnes Heller citada en el libro de ONE- Respe [4], las generalizaciones “proveen un marco de interpretación que procesa, asocia, caracteriza, matiza y evalúa los hechos, actores y situaciones sociales…. siempre al margen de un esfuerzo racional y sistemático por establecer su veracidad”.
Son estas prácticas de generalización que refuerzan y fundamentan más aún la discriminación en este caso de la mujer negra, basadas en prejuicios que actúan como mecanismos de difusión, legitimación y perpetuación de las diferentes formas de segregación, proporcionando la justificación para negar todo estado de derecho, social, civil, sexual, político y cultural.
Esas luchas por la afirmación de las diferencias desarrollan nuevas relaciones entre culturas, vida cotidiana y política, politizando lo social, trastocando las fronteras tradicionales entre lo privado y lo público y haciendo de los procesos de formación cultural uno de los territorios de luchas políticas más significativo del fin de siglo (Oviedo: 43:1994).
Las dimensiones de estas luchas se convierten en el elemento motor que erosiona el concepto liberal y universal de la democracia y la representatividad, incorporando contradicciones que conducen a repensar los conceptos de igualdad, democracia y ciudadanía en un contexto diverso y de valores e intereses encontrados.
Este proyecto se ve limitado de múltiples formas. Un ejemplo tangible se puede identificar a partir de un análisis desde las perspectivas sociocultural y psicosocial, las cuales identifican múltiples hechos y episodios que producen un bloqueo de la acción porque predominan las expectativas negativas. Las ideas que vienen de estos grupos se condenan al fracaso desde sus inicios, ya que se considera que sus actores no serán capaces de hacerlas y cumplirlas bien (Montero, 1989 citada por Zaiter 1998).
La autora señala que éstos son los llamados comportamientos alienados de la dependencia, que se expresan en actitudes pasivas y en incapacidad para demostrar las gratificaciones, así como en la falta de motivación, ante la creencia de que la única forma de movilidad social ascendente es el azar o la “buena estrella”, estimulando el desplazamiento de la agresividad a sus propios grupos y una valoración negativa de sí mismo y de dicho grupo.
En otras palabras, la gente negra ve los colectivos de negros con incapacidad y responsabilidad propia para la no-inclusión, entonces se sienten más cerca de la inclusión en la medida en que se acercan al modelo aceptado y reconocido [2] negándose a sí mismos, de forma que, si no lo hacen, se culpabilizan a sí mismos.
Así, la ideología oficial presenta una sociedad fundamentada sobre principios hispánicos, que enarbola un seudo nacionalismo y excluye a la gente negra, mediatizada por la gradación de la piel y que penaliza o censura a todo aquel o aquella que se atreva a transgredir las normas o a desafiar el modelo [3]. Por medio de políticas integracionistas, reguladoras del orden, la disciplina y la buena moral, basado en la disciplina social reglamenta la subordinación de los sujetos. Esta situación queda plenamente evidenciada en el caso de los centros de diversión nocturna del área metropolitana que impiden la entrada a sus recintos de mujeres peinadas con trenzas argumentando que éste es un estilo africano, u hombres llevando aretes.
El Estado dominicano ha convertido a la población negra en supervivientes del endorracismo [4], por lo que es muy común ver gente negra despreciando a sus iguales, auto-culpabilizándose y buscando culpables de la situación de pobreza y exclusión de que son objeto, y buscando la responsabilidad en ellos mismos y sus iguales.



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